El mánager de la selección cubana está en la cuerda floja después de la fuga de 12 peloteros

El oficialismo culpa a los técnicos del conjunto por las fallas "en el proceso educativo"

Eriel Sánchez quiso matizar que, aunque él escoge a sus jugadores, la última palabra de una selección la tiene la Comisión Nacional. (Escambray)
Eriel Sánchez quiso matizar que, aunque él escoge a sus jugadores, la última palabra de una selección la tiene la Comisión Nacional. (Escambray)

Para el oficialismo, la culpa de la sangría sufrida por la selección cubana de béisbol sub-23 que viajó a México para el campeonato mundial es de Estados Unidos. Es la versión que han mantenido no solo en este torneo sino en cada competición disputada por los deportistas de la Isla desde hace décadas, y más aún desde que, en 2019, el Gobierno de Trump rompió el pacto entre la Federación Cubana (FCB) y la Major League Baseball (MLB). Pero hoy ha tocado repartir responsabilidades entre los técnicos del conjunto, con el mánager, Eriel Sánchez, a la cabeza.

Sin nombrarlo directamente, el redactor deportivo de Granma, Óscar Sánchez, señala en una columna titulada ¿Por qué se van los peloteros? al equipo técnico como responsable de que un jugador no siga un "proceso educativo y formativo" en el que deben estar implicados "entrenadores, atletas, directivos, médicos, sicólogos, fisioterapeutas".

El periodista considera que los deportistas deben estar en un entorno "eminentemente pedagógico" que fortalezca "las dinámicas grupales, en las que se gestan los valores éticos y morales". "Nos puede doler, pero en cada deserción también subyace la fragilidad de esos componentes. No reconocerlo equivale a no superarlo", reprocha.

En su texto se cita a Eugenio George, Ronaldo Veitía, Alcides Sagarra o Pedro Val, todos ellos entrenadores cubanos a los que atribuye haberse relacionado con los deportistas "más allá del elemento técnico". "Sus atletas comprendían mejor esos fundamentos, en la misma medida que los armaban de argumentos y les daban participación en el objetivo final: ganar la competencia", remata.

La alusión apunta indirectamente a Eriel Sánchez, responsabilizándolo entre líneas de la marcha de la mitad del equipo que se había llevado a Sonora. Paradójicamente, antes de que comenzase la competición, el mánager había dejado caer que la elección de los jugadores era de la Federación Cubana de Béisbol y no suya.

Tras el revuelo generado por sus palabras, que intentaban sacudirse la carga de no haber convocado a dos peloteros muy valorados por los fanáticos –Yosimar Cousín y Yunior Tur–, el entrenador matizó al decir que él sí escogía al conjunto, pero las autoridades tenían la última palabra. Además, Sánchez recordó que había valores que encontrar en los atletas más allá de sus virtudes técnicas, como el patriotismo.

El cruce de acusaciones es suave por ahora en público, aunque podría costar el puesto al mánager si el oficialismo se mantiene en la idea de que el equipo técnico no ha dado lo que considera una batalla cultural. "No podemos quedarnos con el bate al hombro, esperando a que nos canten el tercer strike, hay que tirarle a esa bola", escribe el redactor.

La primera parte del texto, no obstante, está dedicada a machacar la idea de que la ruptura del acuerdo con EE UU intenta minar la "Revolución" y no es solo responsabilidad de Donald Trump, jefe de Gobierno en aquel momento, sino del actual, Joe Biden, que no ha hecho nada por revertirlo.

"En esa pretensión, la pelota es un blanco perfecto, porque está en nuestros genes, en la raíz de nuestra nacionalidad; en los valores patrios, desde los mambises en el siglo XIX; es un rasgo distintivo de nuestra identidad nacional y de nuestra cultura", dice el texto, en el que aluden a las palabras de Díaz-Canel sobre la "guerra no convencional", sino cultural, que hay contra Cuba.

El artículo se fija en la red de traficantes que sacan a los peloteros cubanos de la Isla para llevarlos a EE UU y al propio Washington sin cuestionarse ni por un momento qué responsabilidad, más allá de la "educativa", puede tener el Estado de que hasta el 50% de la nómina de un equipo quiera abandonarlo.

"El imperio volvió a poner en manos de una mafia de traficantes de personas a estos deportistas (...) compuesta por operadores que contactan peloteros en Cuba y los convencen de dejar la Isla; los lancheros que los sacan; los gestores que obtienen papeles de residencia de forma expedita en países subdesarrollados; los intermediarios; los entrenadores que los preparan para mostrar sus talentos a la MLB; los agentes que negocian con gerentes de equipos, y los inversionistas, que lo financian todo y se llevan la mejor tajada", acusa.

Además, el autor reprocha al Gobierno estadounidense que tolere y aúpe esta situación "regresándolos" a declarar su residencia fuera de Cuba, una proclama que dice textualmente: "Por este medio declaro que he asumido residencia permanente fuera de Cuba. Además, por este medio declaro que no pretendo volver a Cuba, ni me permitirán volver. Por este medio declaro que no soy funcionario del Gobierno de Cuba y no soy miembro del Partido Comunista de Cuba".

Luis Daniel del Riesco, directivo de la Federación Cubana de Béisbol sacó sus propias conclusiones, no muy distintas a estas, el pasado día 4 cuando la selección sub-23 llegaba más que mermada a la Isla. El funcionario, entre sollozos, dijo a la televisión cubana que en EE UU "querían destruirlos, querían acabar con el béisbol cubano y estos muchachos demostraron que sí se puede".

El próximo lunes, la Comisión Nacional de Béisbol convocará a 27 peloteros menores de 23 años entre los que deberá elegir a los 20 que viajarán a Cali (Colombia) para los primeros Juegos Panamericanos Junior, que comienzan el 25 de noviembre.

El público ahora puede hacer sus apuestas. No solo con los nombres de los elegidos, sino sobre cuántos repetirán la gesta de sus antecesores y abandonarán al equipo nacional.

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