Las iniciativas privadas para donar medicinas se extienden en Cuba

El proyecto voluntario Solo el amor se organiza para llegar a pacientes sin medicamentos de toda la Isla

Una de las voluntarias abre paquetes, clasifica medicamentos, cuenta blísters, mientras la otra recibe mensajes, va formando pequeños paquetes en bolsas de plástico y atiende a los que van llegando. (14ymedio)
Una de las voluntarias abre paquetes, clasifica medicamentos, cuenta blísters, mientras la otra recibe mensajes, va formando pequeños paquetes en bolsas de plástico y atiende a los que van llegando. (14ymedio)

Desde hace meses la sede de Ludi Teatro, ubicada en un sótano de El Vedado, no recibe los aplausos del público tras los espectáculos. Desde que se instalaron allí las voluntarias del proyecto Solo el amor, lo que resuena entre las paredes oscuras del inmueble no es otra cosa que los llamados de urgencia y los mensajes que llegan de toda la Isla por la necesidad de un medicamento para pacientes con coronavirus o enfermedades crónicas.

Esta iniciativa, que comenzó el pasado julio en medio de la emergencia sanitaria que se originó en Matanzas por la pandemia, se consolida ahora por toda la Isla y ha pasado de gestionar unos pocos bultos de amigos y colaboradores a tramitar grandes y numerosos envíos de otros proyectos aliados.

"El 9 de julio llegué a Matanzas con el primer envío. Comencé con un post en Facebook y mis estados de WhatsApp y en menos de 24 horas ya había un cúmulo de medicamentos que nosotros creíamos en ese momento que era considerable. El chasco fue grande cuando llegamos y nos dimos cuenta que la necesidad era mucho más grande de lo que podíamos cubrir", cuenta a 14ymedio Laura Bustillo, una de las jóvenes a cargo de la iniciativa.

El proyecto empezó gestionando un mínimo volumen, a partir de las reservas que los donantes tenían en sus casas o podían adquirir en el mercado informal

El proyecto empezó gestionando un mínimo volumen, a partir de las reservas que los donantes tenían en sus casas o podían adquirir en el mercado informal. "Debo decir que ayudó muchísimo, sobre todo con los antipiréticos", apunta.

"Pero luego empezamos a coordinar los envíos que recibimos desde el exterior". Así, se asociaron con la profesora Mabel Cuesta, quien orgniza los envíos de Miami. Además, habilitaron una cuenta en Estados Unidos, gracias a Laura Marrero, otra colaboradora. "En esa cuenta se recibían donativos y ella iba administrando, haciendo un listado de los medicamentos más demandados, y de ahí se deducía el gasto, tanto para pagar los envíos –que casi todo era por equipaje–, como para la compra de más medicamentos". El mayor volumen de medicamentes que están recibiendo ahora en la sede llega desde Barcelona, "gracias a la iniciativa  Donaciones Cuba", precisa.

En Matanzas, elaboraron un censo que cubría no solo la ciudad sino muchos lugares apartados donde "estaban pasándola peor", asegura Bustillo.

"Lo que tienen es un nivel primario de salud en el policlínico o en el consultorio". El hospital cabecera para esos municipios es el Faustino Pérez, pero llegó un momento en que se saturó y lo que había era "ingresos domiciliarios".

Para evitar que las medicinas fueran a parar a las manos equivocadas, el colectivo buscó personas que conocieran a ciencia cierta las necesidades concretas del lugar. Gracias a estos coordinadores locales lograron tener un registro en Excel con el nombre completo, el número del carné de identidad y la patología. "Me pareció la manera más ordenada y lógica", argumenta Bustillo.

Tras la emergencia en Matanzas, han seguido coordinando envíos con Mabel Cuesta para esquivar la falta de conexión entre EE UU y la Isla

Tras la emergencia en Matanzas, han seguido coordinando envíos con Mabel Cuesta para esquivar la falta de conexión entre EE UU y la Isla. Las medicinas se recogen en Miami, desde donde salen hacia España para llegar a Cuba. "A raíz del levantamiento de las restricciones hasta el 31 de diciembre de la importación de aseo, medicamentos y alimentos la gente aprovechó la brecha para ayudar más con este tema, pero en España nadie entiende por qué una persona viaja con 96 kilos de medicamentos", cuenta. Así fue como un lote de unos 90 kilos y la muchacha que lo traía quedaron retenidos en Madrid.

En esta ocasión, y a pesar de las trabas que el Gobierno mantuvo para autorizar los vuelos con ayuda humanitaria, sí contaron, admite Bustillo, con ayuda oficial, la del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Ministerio de Salud Pública. "Nos atendieron dos funcionarios que enviaron una carta y se pudo sacar de la Aduana de España el equipaje", relata.

Matanzas no era más que "la punta del iceberg", por eso, antes de seguir con Holguín, las voluntarias en La Habana buscaron un espacio físico donde trabajar. Lo encontraron en Ludi Teatro. "El productor Rafael Vega me había dicho que cualquier cosa que necesitara ellos estaban en la entera disposición de ayudar y me vi en la necesidad de tomarle la palabra". Tanto a él como a Miguel Abreu, el director del grupo, agradece Bustillo: "Les debemos la continuidad del proyecto".

El ajetreo en el sótano no se detiene. Una de las voluntarias abre paquetes, clasifica medicamentos, cuenta blísters, mientras la otra recibe mensajes, va formando pequeños paquetes en bolsas de plástico y atiende a los que van llegando, muchos de ellos con sus recetas o historia clínica.

Una joven se acerca buscando un medicamento para la tiña de su padre, y otro hombre pregunta si ya han llegado las medicinas para su esposa, que se recupera de una intervención quirúrgica. También llega una persona para devolver un oxímetro, ya que el colectivo ha creado un servicio de préstamo para distribuir mejor algunos productos que no cubren la demanda, como los oxímetros y los glucómetros.

También llega una persona para devolver un oxímetro, ya que el colectivo ha creado un servicio de préstamo para distribuir mejor algunos productos que no cubren la demanda

La peor parte ha sido el arribo tardío de los envíos por paquetería: todavía están a la espera de 43 bultos que llegaron a Aerovaradero. Bustillo asegura que hay otros que fueron enviados desde el mes de marzo y otros desde julio, y que aún están esperando recibirlos. "Es que el sistema de paquetería en este país es muy ineficiente", lamenta.

Otros productos que se intentan suplir son los insumos y los medios de protección, como mascarillas y guantes, especialmente para los médicos. En Holguín, por ejemplo, las voluntarias se encontraron con que los sanitarios comparten las caretas de un turno a otro. "Las esterilizan como pueden, sobre todo con cloro, y se las pasan", cuenta esta joven activista, que compagina la tarea con su carrera de fotógrafa.

Laura Bustillo no quiere que su proyecto se limite al covid-19, y también busca aliviar las emergencias de personas con patologías crónicas, como el Parkinson o las enfermedades pulmonares, que están sin tratamiento.

También los pacientes con cardiopatías "se las están viendo negras" porque no hay aspirina, y el enalapril que llega a veces a la farmacia no lo hace con la periodicidad que debe hacerlo.

"Otra cosa sensible son los pacientes psiquiátricos, que ahora mismo están descompensados. El alprazolam no entra en la farmacia, por ponerte un ejemplo, pero la lista es enorme", explica. "El paciente psiquiátrico necesita su medicamento, porque compensado puede ser una persona perfectamente funcional pero de lo contrario puede ser un problema para sí mismo y para la sociedad".

Bustillo considera que ahora toca buscar otras vías para autosustentarse y ver la manera de legalizar el proyecto, aunque las posibilidades "son muy escasas"

Para llegar a toda la Isla han ido creando equipos en distintas provincias. Mayabeque tiene dos y, además de Matanzas, La Habana y Holguín, están en Pinar del Río, Artemisa, Santa Clara, Ciego de Ávila, Santiago de Cuba, Sancti Spíritus y Camagüey. En Cienfuegos tienen la ayuda del proyecto Trazos libres y de Sofía Machín, que se ocupa de los municipios que están más distantes de la cabecera. La colaboradora va hacia la autopista, pide botella y se mueve con una mochila llena de medicamentos de un pueblo a otro.

Bustillo considera que ahora toca buscar otras vías para autosustentarse y ver la manera de legalizar el proyecto, aunque las posibilidades "son muy escasas".

"Lo que no se puede es perder el impulso y la convicción de que es necesario hacer lo que estamos haciendo", concluye la joven. "Nos han mancillado tanto que estamos siempre a la defensiva, y quiero que la gente entienda que sobre la base del amor, la empatía y la amabilidad se pueden solventar muchísimas cosas. Vamos a lograr una sociedad mejor una vez que entendamos que no somos habitantes, sino ciudadanos".

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