El fiasco de las 'azulitas' cubanas

La empresa ha producido en cuatro meses lo que estaba previsto para fabricar en dos días y no ha vendido ni una sola mascarilla

La mascarilla azul se encuentra a un precio cinco veces lo previsto si se hubieran fabricado las de Matanzas. (14ymedio)
La mascarilla azul se encuentra a un precio cinco veces lo previsto si se hubieran fabricado las de Matanzas. (14ymedio)

Ni una sola de las azulitas fabricadas en Cuba ha salido del almacén de la empresa textil Unimoda, del grupo Gardis, en Matanzas. El local acumula más de 250.000 mascarillas quirúrgicas, según ha reconocido la dirección de la empresa al diario provincial Girón en un reportaje que desgrana, paso a paso, el interminable cúmulo de despropósitos que ha impedido que la producción nacional sea efectiva.

El pasado junio, y después de más de un año de retrasos, la prensa oficial anunció el inicio de la comercialización de estas mascarillas. La venta iba a comenzar a finales de ese mes, con prioridad para los sanitarios y empleados de colectivos de riesgo antes de llegar a la población general. Maribel Rodríguez Argüelles, directiva de la empresa, explicó que la maquinaria tenía que producir 100 unidades por minuto, 48.000 cada ocho horas.

Casi cuatro meses después, apenas se ha fabricado lo que, según esos cálculos, debería haberse hecho en dos días. ¿Cómo se ha llegado a una situación semejante? Los inversores no se lo explican.

"Muchísimos, muchísimos obstáculos y el proceso es tan largo que si hubiéramos ido por el camino de la asociación aún no hubiéramos tenido la fábrica"

Lway Aboradan, un sirio residente en Cuba desde 1994, fue quien ganó la licitación del contrato. El empresario, que estudió Farmacia en la Isla y se casó con una cubana, hizo la propuesta en marzo de 2020, nada más comenzar la pandemia de covid-19. La idea inicial era constituir una asociación entre la parte cubana y él, pero la complejidad burocrática del proceso llevó a tomar la decisión de que el sirio fuera proveedor de maquinaria y materia prima.

"Muchísimos, muchísimos obstáculos y el proceso es tan largo que si hubiéramos ido por el camino de la asociación aún no hubiéramos tenido la fábrica", dice Lway a Girón.

El inversor accedió a cobrar en CUC inicialmente, pero en esas llegó la eliminación de la moneda libremente convertible y Lway Aboradan tuvo que empezar a recibir pesos cubanos. En teoría, porque aún no ha visto ni uno. El acuerdo consistía en que recibiera los pagos a medida que se vendía el producto pero, como ahora sabemos, las siguen cogiendo polvo en el almacén, aunque Unimoda puso 5.000.000 de pesos para arrancar el proyecto.

Asombrosamente, a Diosdado Abreu Falcón, director de Gardis, no le parece que haya inconveniente en que se hayan fabricado poco más de 250.000 mascarillas en tres meses cuando sus previsiones eran 144.000 al día. "Yo no creo que haya ningún problema. Las máquinas se van adaptando a un período de trabajo, que se llama en la industria un proceso de adaptación de la maquinaria", declaró a Girón.

Muy distinto tono al de Lway Aboradan, que reprocha los " inconvenientes por los mismos procesos de preparación de la instalación, la preparación de las personas que estaban al frente". Las autoridades dicen que los empleados han recibido una formación de 15 días, pero lamentan que no pudieran ir a China por la pandemia o recibir algún formador desde allí, aunque no parece que eso justifique el escaso rendimiento de la planta.

El inversor sostiene, además, que los montadores de la maquinaria no siguieron las indicaciones del equipo. "La desprogramaron y empezaron a usar una como repuesto de la otra", dice.

El inversor sostiene, además, que los montadores de la maquinaria no siguieron las indicaciones del equipo. "La desprogramaron y empezaron a usar una como repuesto de la otra"

Aboradan da todo lujo de detalles sobre los desastres que siguieron a ese hecho: avería en un medidor de presión por mala manipulación en el traslado, falta de dinero inicial para los equipos de climatización que precisa la conservación de la planta y, una vez se obtuvieron, incapacidad para montarla (lo que puede provocar un recalentamiento que destroce toda la instalación) e, incluso, una de las dos líneas de producción paralizada porque el desperfecto en un tornillo en la otra imposibilitó su uso.

En definitiva, Cuba no ha sido capaz de producir las mascarillas nacionales tantas veces prometidas y, lo que es peor, ni siquiera ha podido vender las que tiene. El diario local explica que solo una empresa se ha interesado por hacer un pedido, para comprar apenas 200 unidades, pero ni siquiera hay contrato a la vista.

Una vez más, y para el estupor del inversor –"Yo di tiempo de pago para que compraran la materia prima, fabricaran, vendieran y después me pagaran. Como empresario extranjero no entiendo, cómo un nivel de producción en medio de un momento de crisis aquí no se vendió, ¿por qué no se vendió? Yo pregunto igual que ustedes"– los directivos cubanos ni pestañean.

Tanto Abreu Falcón como Rodríguez Argüelles consideran que todo inversor ha de esperar un tiempo para ver los resultados y creen que en algún momento se venderá el producto, aunque, de sus declaraciones se desprende que el espíritu empresarial no está precisamente entre sus cualidades. "No tenemos preocupaciones como empresa. Nosotros salimos adelante, porque se van a vender".

Rodríguez Argüelles, además, indica que de cada tres mascarillas fabricadas esperan vender una a la población, pero que la prioridad es que estén comercializadas en divisas. "Un razonamiento del que se deduce continuaremos esperando para adquirir las mascarillas matanceras", dice sin ambages el diario provincial que, además, recuerda que las azulitas que se venden en la actualidad, importadas, están a 25 pesos cubanos, cinco veces lo que debían costar las de Unimoda.

Las autoridades compraron 2.000.000 de mascarillas a 48 centavos de dólar, lo que supuso un desembolso de 960.000 dólares aproximadamente, mientras que la misma cantidad hecha en Cuba hubiera costado 160.000 dólares

Aboradan aseguró a Girón que las autoridades compraron 2.000.000 de mascarillas a 48 centavos de dólar, lo que supuso un desembolso de 960.000 dólares aproximadamente, mientras que la misma cantidad hecha en Cuba hubiera costado 160.000 dólares.

La rocambolesca historia es aún más sangrante porque coincide con el mayor pico de coronavirus en Cuba. El propio diario Girón recuerda que este verano Matanzas contabilizaba los contagios oficiales a más de 1.000 diarios y hubo que desplazar a personal de toda la Isla a la provincia para luchar contra el brote, lo que, en última instancia, implicó detraerlo del resto de un país asediado por la enfermedad.

Un estudio realizado en Berkeley entre noviembre de 2020 y abril de 2021 comprobó que el uso de mascarillas textiles, las más extendidas en Cuba ante la incapacidad de acceder adecuadamente a las azulitas que ha mostrado el país, logró una reducción de la incidencia de covid-19 en un 9% allí donde se utilizaban frente a donde no se hacía. Sin embargo, en el caso de las mascarillas quirúrgicas, el porcentaje se elevaba al 12%, lo que demuestra que protegen mejor ante el contagio.

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