Celia Cruz vuelve a La Habana

Un mural con el rostro de la Reina de la Salsa preside un restaurante privado en La Habana Vieja

Mural de Celia Cruz, flanqueada por Benny Moré y Compay Segundo, en el restaurante Antojos, de La Habana Vieja. (14ymedio)
Mural de Celia Cruz, flanqueada por Benny Moré y Compay Segundo, en el restaurante Antojos, de La Habana Vieja. (14ymedio)

Celia Cruz, una de las figuras artísticas proscritas por Fidel Castro en Cuba tras la Revolución, preside ahora la pared del restaurante Antojos, en La Habana Vieja. Flanqueada por los retratos de Benny Moré y Compay Segundo, en tamaño gigante y a todo color, una pintura de la Reina de la Salsa sonríe a los comensales bajo el grito que lanzaba en sus actuaciones y que la hizo célebre: ¡Azúcar!

"Qué más cubano que la imagen de esas tres grandes estrellas de nuestro país para representar el sentir y el arte de esta isla", dice con admiración una mesera cuando se le pregunta por el mural, que, informa sin más detalles, es obra de "un artista del patio".

Ante la sorpresa de este diario por ver en un comercio privado una figura de la que evitan hablar las autoridades –sin ir más lejos, el mandatario Miguel Díaz-Canel al visitar hace poco el lugar cercano donde nació la artista–, la joven evade seguir hablando y se retira con un "¡Imagínate!".

"Qué más cubano que la imagen de esas tres grandes estrellas de nuestro país para representar el sentir y el arte de esta isla", dice con admiración una mesera cuando se le pregunta por el mural

Desde que salió al exilio, en 1960, Celia Cruz no pudo oírse en la radio dentro de Cuba hasta 2012, a pesar de su extraordinario éxito, y el único punto de la Isla que volvió a pisar fue la base estadounidense de Guantánamo (con un puñado de su tierra pidió, antes de morir en 2003, que la enterraran).

Por lo demás, Antojos, es, como tantas paladares que han proliferado en La Habana en los últimos años, un lugar agradable. Ubicado en el Callejón Espada, entre Cuarteles y Chacón, la decoración, entre colonial y moderna, y la música cubana, de ayer y hoy, dan la sensación de estar enfocada a los turistas.

No parecía haber ningún visitante foráneo el día que acudió 14ymedio, pero el local estaba lleno. Los dependientes, todos blancos y mujeres la mayoría, parecen salidos de revistas de moda y aficionados al gimnasio.

Las croquetas son la gran atracción del restaurante Antojos. Una ración de tres piezas, de pollo o de pescado, cuesta 200 pesos. (14ymedio)
Las croquetas son la gran atracción del restaurante Antojos. Una ración de tres piezas, de pollo o de pescado, cuesta 200 pesos. (14ymedio)

Era llamativo que tuvieran dispensador de gel hidroalcohólico: lo que se encuentra a la entrada de los comercios, sobre todo los estatales, es cloro, porque la solución a base de alcohol es mucho más cara.

La gran atracción de la carta son las croquetas –un cartel lo anuncia a la entrada: "¿Tú quieres una croquetica?"–, y con razón. Su calidad dista mucho de ser la habitual en Cuba. "Tienen pinta como las de España", dice una comensal, maravillada.

Los precios, eso sí, dejaban congelada la sonrisa. Una ración de tres croquetas, de pollo o de pescado, 200 pesos. La ensalada vegetal, de lo más barato de la carta, 250 pesos. Los platos principales van entre los 500 y los 700 pesos. Y los tragos tampoco se quedan atrás. Sumando el 10% que se cobra por servicio, una cena frugal de croquetas de pollo, ensalada campesina y dos piñas coladas, 1.064 pesos.

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