Con su apoyo a Airbnb, el Gobierno cubano defiende la nueva economía capitalista

La compañía, que acordó la multa con la OFAC, obtiene ganancias multimillonarias actuando como mera intermediaria

A finales de 2016, por lo menos 34.000 trabajadores por cuenta propia se dedicaban a la renta de viviendas para atender un número creciente de turistas. (Airbnb)
A finales de 2019, más de 34.000 trabajadores por cuenta propia se dedicaban a la renta de viviendas para atender un número creciente de turistas. (Airbnb)

La indignación del Gobierno cubano contra la multa a Airbnb colea pasados tres días desde que se conoció la noticia, cuando un comunicado del Departamento del Tesoro de EE UU anunció haber llegado a un acuerdo por el que la empresa de alquiler de viviendas pagará 91.172,29 dólares por violaciones del embargo.

Las portadas de los medios oficialistas siguen destacando las protestas de la cúpula gubernamental, que no cesan. La primera reacción fue del ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, que protestó contra el "irracional bloqueo económico comercial y financiero del Gobierno EE UU", del que dijo que "no descansa ni por fin de año".

"La plataforma digital de alojamiento Airbnb fue multada por reservarle a clientes en nuestro país. #NoMasBloqueo", añadió. A su queja se sumó este miércoles la del ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, que acompañó la imagen de un gran resort en la Isla con un claro mensaje en alusión a la sanción: "Las acciones del Gobierno estadounidense contra la recuperación del turismo en Cuba pretenden ocultar que, a diferencia de EE UU, en nuestro país los ingresos de ese sector se emplean en beneficio del pueblo".

La compañía obtiene ganancias multimillonarias actuando como mero intermediario

La Agencia Cubana de Noticias se ha hecho eco de la protesta del canciller vinculándola directamente con la multa, aunque no aclaran que fue la propia empresa de alquileres quien cooperó para facilitar la información y reducir el importe económico de la penalización.

"Airbnb opera en más de 220 países y regiones de todo el mundo y nos tomamos muy en serio el cumplimiento de las sanciones", dijo un portavoz de Airbnb, Christopher Nulty. "Nos complace haber llegado a este acuerdo con la OFAC".

Los ataques del Gobierno cubano se han centrado en la Administración de EE UU hasta tal punto, que parecen una cerrada defensa de Airbnb, una compañía que se ha convertido en símbolo de una nueva economía capitalista basado en plataformas digitales que obtienen ganancias multimillonarias actuando como meros intermediarios, en este caso el propietario de la vivienda y el interesado en alquilarla.

A pesar de que inicialmente Airbnb se presentaba como modelo de economía colaborativa, basado en la idea de un propietario (el anfitrión, como se sigue llamando) que cedía espacio a un huésped, la plataforma ha mutado en una suerte de agencia de alquiler vacacional online que está modificando la geografía de miles de ciudades en el mundo.

Su impacto es tan evidente que muchos Gobiernos han tomado cartas en el asunto, con Holanda a la cabeza. Ámsterdam tiene prohibidos los alojamientos vacacionales en los distritos del centro debido a la turistificación de la ciudad. Barcelona, Nueva York, Berlín o París también llevan años intentando regular este tipo de alquileres que tienen entre sus efectos la expulsión de los vecinos y los comercios de barrio a otros de la periferia al provocar la conversión de edificios en pseudohoteles. Además, grandes empresas y fondos de inversión adquieren inmuebles completos para convertirlos en este tipo de negocios provocando alzas de precio en toda la zona.

Aunque los efectos de este tipo no se han producido de forma masiva en Cuba, donde el modelo está poco desarrollado, sorprende el alegato del Gobierno a favor de una empresa con estas características.

Los fondos provenientes del turismo son de tal prioridad para las autoridades cubanas que cualquier proveedor de servicios parece conveniente. Airbnb comenzó su expansión en Cuba al abrigo del deshielo. No en vano, Ben Rhodes, entonces asesor del presidente Barack Obama y uno de los principales artífices del acercamiento, fue el primero en criticar la sanción.

"Negar a los estadounidenses la capacidad de traer ingresos directamente a los cubanos y establecer conexiones entre nuestro pueblo. Qué decisión tan estúpida, contraproducente y trumpiana de la Administración Biden. Permitir que más estadounidenses viajen a Cuba fue una política que muchos miembros del equipo de Biden ayudaron a diseñar en 2015. No se trata de un asunto político, sino de una política. Lo más absurdo es que no importará: cuando pretendes estar en la línea dura, los votantes preferirán el original", escribió en Twitter.

Los fondos provenientes del turismo son de tal prioridad para las autoridades cubanas que cualquier proveedor de servicios parece conveniente. Airbnb comenzó su expansión en Cuba al abrigo del deshielo

Rhodes, además, considera que la política latinoamericana de la Administración Biden está siendo torpe, al forzar al continente a buscar otros amigos. "Es una manera perfecta de empujar a Cuba, Venezuela y otros más hacia un estrecho abrazo entre Rusia y China, al tiempo que aliena el abrumador giro hacia la izquierda entre las personas y los líderes de la región", añadió.

Airbnb comenzó a hacer negocios en Cuba en 2015 y un año después el propio presidente y cofundador de la empresa, Brian Chesky, viajó a la Isla con Barack Obama tras anunciar que ampliaba la licencia que tenía del permiso obtenido por el Departamento del Tesoro para que turistas de todo el mundo se alojaran en viviendas usuarias de su plataforma. Según el US -Cuba Trade and Economic Council, en 2016 había 4.000 alojamientos en la Isla en Airbnb, en 2017 unos 22.000 y en 2.019 alcanzaban los 36.400.

Demasiados turistas para que las autoridades cubanas renuncien a defender un modelo de negocio que, aparentemente, representa lo que más critican. Quizá el enfado del Gobierno se deba también al hecho de que muchas familias vinculadas al poder usan el servicio de Airbnb para alquilar a extranjeros las mejores casas, y las más caras, de la Isla.

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